Fuente: ABC 25/09/2011
He aquí una rareza del flamenco. Una mujer al mando de la guitarra. Una de las escasísimas féminas que se atreven con un instrumento reservado tradicionalmente a hombres. Pero aquí la tienen. Desafiando los códigos dominantes. Con las ideas claras como el agua. Desde que un día se presentó ante su padre para anunciarle que quería tocar la guitarra flamenca.
-¿Y su padre qué le dijo?
-Que no.
Así de rotundo. Así de concluyente. La guitarra clásica para las niñas. La guitarra flamenca para los hombres. Y Laura González, tímida hasta el tuétano, no dio un paso atrás. Guitarra flamenca o nada. Y aquí está. Profesora de las seis cuerdas en el Conservatorio de Jaén y dueña de un apreciable currículo como concertista en Francia, Suiza, Portugal o España. La voluntad mueve montañas. Tanto que su progenitor, ajeno por naturaleza a la música flamenca, es hoy secretario de la peña de El Mirabrás, de Fernán Núñez, y aficionado declarado del género.
Laura González (Fernán Núñez, 1980) llegó a la guitarra por azar. Lo suyo era el baile. Como la mayoría de las niñas de su pueblo. Estuvo largos años aprendiendo en una academia privada, pero había algo que no acababa de funcionar. No la convencía exponerse en medio del tablao, a los ojos de todo el mundo. «Es cuestión de carácter», argumenta a modo de pretexto. Prefería un segundo plano. Alejado de la atención inquisitiva del público. Y se inclinó, casi de forma natural, por la guitarra. Un instrumento sobrio, austero, protegido de todo protagonismo escénico.
Su primer profesor fue Luis Calerito, conocido guitarrista de la Campiña. Al principio, no fue un camino fácil. «Las primeras veces que iba a la Peña de El Mirabrás no se me hacía muy natural. Me llevaba mi padre y él decía nada más llegar: “Aquí traigo a la niña para que toque un rato”. Era todo muy forzado. Luego vas cogiendo confianza y la cosa va cambiando poco a poco. La gente de la Peña eran buenas personas y me facilitaban mucho las cosas».
Hasta que un sábado noche mientras tomada unas copas con sus amigos, fueron en busca suya. El malogrado Enrique Morente estaba en una boda del pueblo y buscaba guitarrista para echarse un cantecito. «Fue una experiencia muy bonita. Yo era una niña y me dio mucho respeto. Pero era un hombre muy amable y lo disfrutamos mucho». Desde entonces, ha acompañado a un buen puñado de cantaores, entre ellos a Pedro Obregón, Manuel del Rosal, Antoñita Contreras, Anabel Castillo o Gloria Núñez. Leer mas...


